DOLORS ALEU

Vista desde la terraza de la quinta planta de la Corporación Sociosanitaria Dolors Aleu en 2017

"Mi estancia en la Corporación Sociosanitaria Dolors Aleu"

Esta página tiene 182 imágenes

Vaya por delante que, aunque contaré aspectos negativos de mi estancia en la Corporación Sociosanitaria "Dolors Aleu", estos son todos aspectos y sensaciones subjetivas de momentos concretos en que no lo pasaba bien debido a mi accidente al romperme los hombros, pero el recuerdo general, sopesado y equilibrado de mi estancia total en este centro es positivo y quedarán en las líneas que estoy por escribir y en las imágenes que pondré, un recuerdo perenne de mi estancia en el Dolors Aleu desde el 4 de abril al 27 de junio de 2017, con mi agradecimiento a todas las personas que me cuidaron. El número de imágenes es muy grande y muchas son parecidas, pero forman parte de mi estancia de dos meses y tres semanas en un lugar que era ajeno a mi casa y en el que permanecí mucho más tiempo de "ausencia de mi hogar" que cualquier otro período de mi vida en que me ausentara por vacaciones o por cualquier otro motivo.

NOTA: La visión óptima sólo se podrá conseguir si esta página se ve desde un ordenador cuya pantalla tenga de 23 pulgadas en adelante, tamaño que hoy en día está normalizado. Por supuesto que la visión a través de un móvil, queda distorsionada con respecto al diseño que realizo no para blog, sino para página web. La abundancia de imágenes, aparentemente repetidas, señalan el "no paso" del tiempo y la necesidad psicológica de escapar de la situación. Más adelante se podrá ver un vídeo, cuando faltaban pocos días de salir pero que yo aún no lo sabía y me hallaba en un momento de estar cansado de mi estancia, mi necesidad de regresar al hogar.

DOLORS ALEU
Vista desde la quinta planta, nada más salir de mi habitación

¡Nunca me lo hubiera imaginado! En verdad somos animales de costumbres y no podemos evadirnos de esa realidad. Me dí de alta de la "Corporación Sociosanitaria Dolors Aleu" porque ya no podía aguantar más el vivir allí después de dos meses y tres semanas. Sólo deseaba regresar a casa y cuando lo conseguí, cuando logré que la Doctora me diera el alta solicitada por mí, al llegar a casa empecé a sentir que estaba mejor en "Dolors Aleu", la echaba de menos. ¡Increíble! Estaba viviendo el llamado "Síndrome de Estocolmo". Lo que había llegado a considerar mi prisión, pese a ser una prisión bella estéticamente, ahora la echaba a faltar, tenía "miedo a la libertad". La seguridad del cuidado de las enfermeras y auxiliares, el tener puntualmente mi desayuno, comida y cena, la aparación de la enfermera de turno trayéndome a las horss indicadas las pastillas decretadas para mi tratamiento, las "charlas" con las pacientes o, más a menudo, con las hijas de las pacientes... todo me venía a la mente frente a la libertad de tener que automedicarme siguiendo las reglas que me fijaron pautadas en el informe de alta, la libertad de tener que encargarme yo mismo de mis propios alimentos, la inseguridad de hallarme libre, andando por las calles de Barcelona, con los hombros rotos...

Todo empezó así

El pasado 25 de marzo, saliendo desnudo de la ducha, fui a orinar y al ponerme frente a la taza del WC y levantar la tapa, me resbalé y caí hacia adelante golpeándome contra la porcelana de la taza del inodoro, quedando inmóvil en el suelo y sin poder levantarme. No sabía qué me pasaba, intentaba levantarme pero un dolor horrible en los hombros me lo impedía. Mi hijo hacía poco que se había ido a trabajar. Eran las 10 de la mañana aproximadamente y empecé a gritar ¡Socorro! con todas mis fuerzas. Nadie me oía y todo fue inútil. Estuve hasta las seis y media de la tarde, que regresó mi hijo, pidiendo socorro y rogando mentalmente que por favor me desmayara del dolor tan fuerte que sentía en los hombros. Pero no me desmayé y nadie acudió en mi ayuda. Cuando regresó mi hijo, afónico de tanto pedir socorro, hice mi última llamada y mi hijo se pensó que me había dado un infarto. No podía entrar del todo en el cuarto de baño porque mi cuerpo ocupaba el suelo y apenas 15 centímetros es todo lo que se podía abrir la puerta sin pisotearme las manos. Aparte de los hombros, después de estar tantas horas contra el suelo, la fuerza de la gravedad hizo que también me dolieran las rodillas y las costillas.

Cuando llegó el personal del 112, pedí que por favor me pusieran algo que me anestesiara y me pusieron una inyección y cuando desperté ya estaba ingresado en el Hospital Clínico de Barcelona. Pocos recuerdos tengo porque enseguida me colocaron, según me explicaron mis hijos, una bomba de morfina y despareció el dolor, no lo sé, porque mis hijos me cuentan que a pesar de estar inconsciente gritaba de dolor y ponía una cara muy angustiosa. Yo sólo recuerdo las alucinaciones que me provocaba la morfina. Veía el techo de la habitación donde estaba ingresado, pero justo encima de mi veía una cara enorme que me miraba de manera fija por la izquierda y por la derecha una cara enorme que se me acercaba y decía "Mariano cómo estás" (era una enfermera). Yo mientras, pensaba que era tan irreal lo que estaba viendo que debía de estar soñando y en cualquier momento me despertaría y estaría tranquilamente en la cama de mi casa. Pero no fue así, cuando despertaba el terrible dolor en los hombros, que me los había roto, hacía que volviera a caer bajo los efectos de la morfina y tenía alucinaciones que eran bonitas bajo un punto de vista cinematográfico pero que me producían un gran desasosiego. Estuve mucho rato viendo como miles de personas, todas vestidas de Superman, en un gran campo deportivo, se levantaban por grupos y mencionaban mi nombre llamándome. Yo sonreía pero no podía responder. La morfina seguía causando sus efectos y veía un mujer muy provocativa que se me acercaba demasiado y luego un pistolero del oeste americano y visiones que me angustiaban aunque a la vez reconocía que estaban llenas de color.

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Vista nocturna sin salir a la terraza y con el reflejo del flash

Después de estar 8 días en el Hospital Clínico y habiéndome operado de los hombros poniéndome dos tornillos en el hombre izquierdo y una prótesis en el derecho, porque lo tenía todo destrozado, me llevaron a la Corporación Sociosanitaria "Dolors Aleu" donde he permanecido ingresado hasta el día de hoy martes 27 de junio de 2017, osea, casi tres meses sin poder hacer nada con ninguna de mis páginas web. Voy a dejar aquí un enlace a un pequeño vídeo de You Tube que realicé hace muy pocos días para mi amigo Javier Olivares, cuando aún no sabía que en breve iba a pedir el alta, debido a que ya estaba muy cansado de estar allí, en una habitación para dos, muy grande, muy espaciosa pero en la que tenía que estar de 10 de la mañana a 10 de la noche, doce horas que incluían toda la noche.

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Vista de la sala-comedor de la parte opuesta a donde yo estaba. Al otro estremo del pasillo
Esta vista era una de las que más veces miraba pero dirigiendo la vista hacia el cielo, porque desde los primeros días me percaté de que cada 2-3 minutos, de manera invariable, pasaba una avión que iba de bajada en dirección al aeropuerto del Prat e imaginaba a los trescientos y pico pasajeros contentos de llegar a Barcelona y preparándose para el inminente aterrizaje. Como los aviones pasaban cada dos o tres minutos, en mis incansablas paseos por el pasillo de la quinta planta, cuando llegaba hasta el salón-comedor, lo atravesaba hasta la pared de cristal y miraba al cielo un poco por encima de las montañas de Montjuic para ver al avión de turno. Si no lo veía me esperaba pues era muy corto el tiempo de espera, en cuanto lo veía me giraba y comenzaba el paseo en dirección contraria hacia la terraza desde donde se veía la Torre de Collserola y el Tibidabo.

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Parte del salón comedor donde desayunaba normalmente y desde donde se ve la imagen anterior

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Parte del salón comedor que da a la Ronda General Mitre y Plaza de Lesseps

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El pasillo con las habitaciones desde las de los pacientes 501 y 502 a la mía que era la 525 y 526 al otro extremo que daba al Tibidabo

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Parte del salón comedor que da a la Plaza Lesseps

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El pasillo desde el comienzo de la terraza en la parte de mi habitación (525-526) enfrente de la cual se hallaba la sección de enfermería

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Sección de enfermería vista desde la salida de mi habitación. Al fondo el reloj, lo mismo que hay en la sala comedor otro igual que me permitía saber la hora en cualquier momento de mis paseos por el pasillo

Antes de entrar a ver el pequeño vídeo donde explico un poco mi vida allí, de manera muy resumida, para que se entiendan mejor mis palabras grabadas, durante los primeros días iba paseando por el enorme pasillo de la quinta planta de la "Residencia" con camisón y los dos brazos en sus correspondientes cabestrillos. Me tenían que dar la comida, obviamente. Luego ya me pude vestir con nickies o polos o como los queráis llamar y pantalón corto, más los dos cabestrillos. O sea, era un "inútil andante" porque lo único que podía hacer eran andar. Como era la planta de traumatología y el "Dolors Aleu" es un centro geriátrico que tiene morgue y planta con enfermos terminales, en mi planta el mayor porcentaje de compañeros, eran compañeras, es decir, señoras de entre 80 y 100 años cuyo común denominador era haberse caído y roto las caderas y/o las rodillas por lo que paseaban por el pasillo con caminador, también conocido en el argot de ellas como "taca-taca", en recuerdo de ese aparatito que nos ponen nuestros padres cuando somos pequeños y empezamos a andar o también en silla de ruedas.

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Pero no adelantemos acontecimientos. Los seis primeros días de mi ingreso tuve la ayuda y compañía "impagable" de mi hermano Fernando que fue quien también estuvo unos días conmigo en el Hospital Clínico y quien se encargaba de darme las comidas en lugar de las enfermeras. A la hora de las comidas que las hacía en la habitación, parecía un pollito, pues tenía mis "alitas" (los brazos pegados al cuerpo y dentro de los cabestrillos) y sólo podía abrir la boca y hacer indicación de cuando había tragado. En este sentido vino a verme un día mi amigo Luis López Veiga a la hora de las comidas y me la dió él. Siempre recordaré la paciencia y el cariño con que lo hizo, mucho mejor que las auxiliares que normalmente me daban la comida. El tema de las comidas fue variando pues en cuanto me quitaron el cabestrillo del brazo izquierdo que es en el que tengo puestos dos tornillos en el hombro y con el que tengo más movilidad, enseguida aprendí a comer yo solo con la mano izquierda y únicamente necesitaba que, cuando había naranja de postre me la pelaran pues yo no tenía fuerza suficiente en las manos, y aún no la tengo, para hacerlo. De esta manera ganaba en independencia y no tenía que estar dependiendo de las auxilliares.

El grupo de personal de ayuda está formado por la más alta jerarquía que es el médico, después vienen las enfermeras/enfermeros y finalmente las/los auxiliares. Sin embargo, hay que mencionar como muy importante al grupo de las señoras de la limpieza que se encargan de que todos los recintos, habitaciones, baños, pasillos, todo, esté siempre limpio. Y por supuesto muy importante para un enfermo de traumatología, el gimnasio o lugar de rehabilitación donde hay tres fisioterapeutas. A mi me tocó una persona muy profesional y agradable llamada Anabel. Es interesante conocer que cualquier petición de medicación a una auxiliar, lógicamente, como no es su cometido se lo pasa a una enfermera o enfermero pero si no está pautado por el médico no te lo pueden dar, hay que consultarlo con el médico. Aunque hay enfermeros y enfermeras muy profesionales que según las circunstancias y el momento, como un percance a altas horas de la noche, son capaces de tomar la decisión y proporcionar el calmante adecuado para el paciente. En tres ocasiones diferentes tuve que pedir auxilio por el dolor en mitad de la noche y las tres veces fui muy bien atendido, cada vez puesto que eran dias distintos por personal de enfermería distinto: Ramón, Raquel y Juan Carlos, los tres con gran profesionalidad y afecto.

Habría que señalar algo muy particular e importante para mí, pero que es normal y sólo lo menciono y explico porque a mi me afectó. El primer mes y medio, tenía de compañero a un señor que no hablaba, el señor Manel, el pobre sólo recibió en todo el tiempo dos visitas de su hijo de 5 minutos o menos para llevarse la ropa sucia. Después lo ponían en una silla de ruedas y lo llevaban al otro extremo del pasillo donde se hallaba la sala-comedor y lo dejaban frente a la pared de cristal que da a la Plaza Lesseps. Le daban la comida allí y a las 4 de la tarde lo regresaban a la cama de su habitación. Es decir, no usaba el cuarto de baño por lo que estuve mi primer mes y medio con el cuarto de baño para mi solo. Sí recuerdo la primera noche en la que se pasaba el tiempo dando golpes con el mando de llamar a las enfermeras contra el metal de las barras de seguridad de las camas. Pero lo solucioné al día siguiente poniéndome tapones en los oidos que es como duermo normalmente en casa desde hace más de 20 años.

Pero un día se lo llevaron, lo dieron de alta e imagino que lo llevarían a otro sitio ya que era una persona completamente dependiente. Recuerdo que la primera semana, yo mismo corria la cortina gris de separación de espacios en la habitación doble, hasta que un día pensé que era cruel pues así sólo le dejaba ver el gris de la cortina. Por ello, desde ese momento, corrí la cortina a tope para que al menos pudiera verme a mi comiendo o leyendo o entrando y saliendo de la habitación, pues cuando no dormía siempre me estaba mirando. Eso fue antes de que una enfermera decidiera llevárserlo cada día a que viera la plaza de Lesseps.

Después vino otra persona de 96 años, el señor Josep, con la mente clara y capacidad para andar en taca-taca. Diariamente lo visitaba su hija y su marido (pocos dias antes de irme yo, el marido desafortunadamente, sufrió un infarto y un ictus parcial si bien está estable). A mi compañaro de habitación no le contaron la verdad lógicamente. También venían a verle su nieta con la biznieta y a veces venía el marido de la nieta. Todos personas muy simpáticas y agradables que en determinado momento me proporcionaban conversación. Eran todos de Valderobres, que curiosamente uno de mis hermanos de Zaragoza y un primo hermano de Barcelona, van muchas veces a ese lugar. Pero al tema al que íbamos, me encontraba que ya no tenía el lavabo para mí solo y muchas veces lo encontraba ocupado. Afortunadamente, al tener plena movilidad propia, en estas ocasiones y sin decir nada a nadie, me bajaba a la planta cero y usaba el lavabo de los visitantes con lo cual tenía el problema solucionado. Por las noches con los tapones no me enteraba de nada.

Por cierto, el programa nocturno consistía apróximadamente en pasear por el pasillo de 9 a 10 menos cinco. Al principio hablaba con la segunda señora mayor que había en el otro extremo llamada Virtudes. También hablaba en cualquier momento a posterioridad con la hija de la compañera de habitación y un poquitín con su madre cuando me cruzaba con ella que iba con el taca-taca por el pasillo y nos saludábamos. Esto lo hacía con muchas señoras que no llegué a conocer en las tres últimas semanas de mi estancia. Había la hija de otra señora de las que se sentaban casi todo el día en la sala-comedor excepto cuando repartían las comidas a las 13 horas y las cenas a la 19.00 que todo el mundo se iba a sus cuartos para comer. Esta señora un día me dijo que yo no le hacía caso aunque puse por testigo a todas las demás que siempre las saludaba a todas cuando me acercaba. El caso es que un día vino su hija y estuvimos hablando casi dos horas porque congeniamos, pero ya nunca se pudo volver a repetir porque su madre le echó una gran bronca diciéndole que si venía a verla a ella o a Mariano. A partir de aquel día sólo nos podíamos saludar pero nada de hablar.

En el grupo de rehabilitación, conocías a otras personas de tu planta y de otras plantas y fue en mi grupo donde tuve el enorme placer de conocer al pintor catalán de fama internacional Quimet Sabaté Casanova con quien enseguida hice amistad y recuerdo haber pasado gran parte de una noche visionando a través de mi móvil, gran parte de su colección pictórica de su mejor y etapa preferida por él, dedicada al desnudo femenino. En la plaza Portal de la Pau 4, principal primera, lugar al que hemos quedado que cuando nos encontremos bien iremos a visitar, tiene un piso totalmente dedicado a cuadros de desnudos femeninos con fondos relacionado con su amigo Dalí. El se fue unos días antes que yo pero me dejó su tarjeta con los números de teléfono para quedar un día y poder ver el piso que está enteramente dedicado a cuadros en homenaje a Salvador Dalí, pintor al que conoció personalmente y que tengo intención de fotografiar con el móvil (los cuadros de Quimet).

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Con el gran pintor Quimet Sabaté Casanova en la mesa de rehabilitación (Entra en el link de Quimet y consulta la entrevista)

Cuadros de Quimet Sabate

No te pierdas la entrada de esta página para ver cuadros de Quimet Sabaté

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Juan, Paco y Quimet. Juan fue quien un día me dijo que con permiso de la Doctora, podría salir solo del centro

Durante el primer mes hice amistad con dos señoras con las que había afinidad para hablar. La que me permitía mejor comunicación porque teníamos en común el que ella tuviera una hija viviendo en un rascacielos de cristal en al piso 33 en Brooklyn con todo el lateral de la isla de Manhattan en frente, cuando vi las fotografías que me enseñaba en el móvil, ya que había estado hacía un mes en casa de su hija, me entraba una envidia tremenda pues soy un enamorado de Manhattan, pese a que sólo estuve 17 días en 1979 (cuando compré más de 1200 comics de Superman de la DC y empecé a realizar mi web sobre el Hombre de Acero basada en mi colección). Pero esta señora llamada Milagros, que la habían operado de la rodilla, la dieron de alta y me quedó otra más mayor pero clara de mente, llamada Virtudes, con la que pude hablar hasta que también la dieron de alta y el último mes lo he pasado viendo como entraban y se iban señoras mayores con las que apenas podía hablar, si acaso, en alguna ocasión con las hijas que las visitaban.

Era típico al levantarme y salir de la habitación, ver en el otro extremo del pasillo el comedor y en un lado, sentadas en butacas una serie de señoras mayores. Casi siempre, la primera que había era una señora de Navarra llamada Victoria a la que venían a ver sus dos hijas Gloria y María Dolores que se turnaban de manera que nunca las vi a las dos juntas. Con Gloria, hablamos entre otra cosas de restaurantes de calidad que me recomendó, como el Botafumeiro o la Taberna de Lesseps, que está en frente del "Dolors Aleu" y que estos días tiene las aceras en obras. La otra hija vivía en el edificio justo enfrente de nuestra planta y desde las ventanas o terraza de su casa podía ver a su madre y a mí mismo en mis interminables paseos por el pasillo.

WONDER WOMAN ES GAL GADOT

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Como el tiempo no pasaba, empecé a leer todo lo que pillaba. Al principio fue una novela de Agatha Christie que había en el comedor, luego otra del mismo lugar de Stephen King, después una bastsnte gruesa con la biografia de un periodista norteamericana que luego vi en un vídeo por You Tube a través del móvil. Al final le dije a mi hijo que me trajera los libros de "Superman" y de "El Antifaz del Guerrero" que me escribió Diego Matos por encargo de Dolmen Editorial, para releerlos y estando un día encima de la cama el libro de Superman, un auxiliar llamado Jorge, que desde el primer día me trató muy bien, se fijó que venía mi nombre como autor y enseguida vino con otra auxiliar llamada Lola diciendo que estaban flipando pues se habían dado cuenta de que yo era el autor del libro.

Los días pasaban lentamente, pero las noches también ya que no tenía la suerte de la mayoría de pacientes que les daban una pastilla para dormir. A las 7 de la tarde repartían las cenas y a las 8 tenían que estar todos acostados en sus camas ya que el personal cambiaba de turno y se iban a esa hora. Yo, como era autosuficiente ya que no llevaba pañales, ni silla de ruedas ni taca-taca, podía deambular por el pasillo arriba y abajo mientras pensaba o a veces optaba por pornerme los auriculares y con el mp3 oía preferentemente la música que me había grabado David, el marido de mi hija, consistente en todos los discos de The Rolling Stones, todos los discos de The Beatles y las 9 sinfonías de Beethoven, a petición mía. También me grabó la discografia de Kylie Minogue pero me di cuenta de que sus canciones son para verlas coreografiadas no para oirlas simplemente. Pero a las 9.55 me internaba en mi habitación y me sentaba en el sillón apagando la luz de mi parte de la habitación y, al principio, las primeras semanas Tania me había traido una tablet y me iba trayendo tres o cuatro películas de cine cada semana e incluso pude ver los últimos capítulos de la serie "Cuéntame" que yo seguía. Luego se puso enferma y no podía venír y me acostumbré a escuchar Beatles, Rolling Stones y Beethoven, hasta las 12 de la noche que me acostaba.

Muchas noches las pasé sin dormir escuchando música y a lo mejor me quedaba dormido a las 7 pero invariablemente a las 9 de la mañana se encendian las luces y los buenos días fuertes de las auxiliares Ana y Lola me despertaban y ya me levantaba pues me hacían la higiene y me ayudaban a vestirme. Bueno, sólo me ayudaban a quitarme y ponerme el nickie pues el resto lo podía hacer yo solo o en la higiene me ayudaban con la espalda y un hombro pues el resto lo podía hacer yo solo con el brazo bueno, lo hacían con la buena intención de que ganara habilidades para cuando estuviera solo en mi casa, pero la primera vez de tanto usar el "brazo bueno" se me fastidió más. Con la auxiliar Lola tuve un par de roces pues al parecer ella pensó que yo no quería hacer las cosas que ella creía que yo podía hacer, pero en realidad, no podía y aún a día de hoy no tengo fuerza en las manos para pelar una naranja o abrir por la mitad un panecillo con un cuchillo. Se lo comentó a la fisioterapeuta y me supo muy mal que hablaran de mi sin estar yo delante. Pude separar un trozo de plastilina que imitaba un panecillo pero haciendo presión desde arriba empujando mi mano con todo el cuerpo pero no lateralmente que sigo sin poder hacerlo. De cualquiera manera me enfadé con Lola pero al día siguiente, le dije que me había enfadado con ella pero que lo olvidaba todo porque pesaba más los cuidades de los primeros dias cuando me daba de comer como a un pollito y quedamos en buenas relaciones.

También otro día una enfermera que era seria pero muy atenta y competente llamada Marlene me dijo que iba muy lento en la recuperación y me quedé muy preocupado porque yo no sólo hacía los ejercicios de rehabilitación del gimnasio sino también los hacía dos veces más por mi cuenta en la habitación. Me hizo pensar que entonces algo iba mal en mis hombros pero cuando se lo comenté a la fisioterapeuta me tranquilizó y me dijo que ella no era quien para emitir una opinión en un caso de rotura bilateral de hombros.

Hablando de la higiene, tengo que mencionar el baño integral sentado en una silla especial dentro de la ducha en el amplio cuarto de baño, que cada martes me hacía una de las auxiliares más simpática y dulce de todo el centro llamada Montse y que desafortunadamente no me pude despedir de ella porque cuando me fui hacía pocas días que ella se había ido de vacaciones. El baño duraba media hora, totalmente desnudo cosa que a mi nunca me ha producido ninguna molestia, por timidez o algo parecido quiero decir y me dejaba hacer, con los chorros de agua caliente por todo el cuerpo, enjabonándome y frotándome en dos sesiones consecutivas pues cuando había acabado hacia otro pase idéntico. Había otra auxiliar que estaba aprendiendo y estaba allí mirando como la profesional Montse lo hacía. Alguna vez el baño era sólo con Montse y me gustaba más. Nunca la olvidaré, no por los baños de los martes, sino por todos los días que con su simpatía y dulzura hacia que la estancia fuera más llevadera y no soy el único que opina así sino a cualquiera que le preguntaras de los que allí estábamos ingresados.

Y al releer estos párrafos para corregir faltas, me ha venido a la memoria, que los primeros días que estuve en el Dolors Aleu, había un estudiante de enfermería llamado Christian, que me solicitó hacerme una entrevista para un trabajo que tenía que hacer para sus estudios de enfermero. Me hizo más de 100 preguntas que respondí con agrado y posteriormente me explicó que había sacado un 9 en esa asignatura y también por asociación de tiempos, me he acordado de que las primeras semanas la enfermera que había de turno de tarde se llamaba Sandra y que después se despidió pues había pedido traslado a su ciudad, Olot. También muy agradable y competente.

Estando ingresado en el "Dolors Aleu" comprendí por vivencia propia lo que es la cuarta dimensión, es decir, el tiempo, que se puede estirar y encoger hasta unos extremos inhumanos cuando se encoje, cuando no pasa, cuando miras el reloj creyendo que ya han pasado 20 minutos y sólo ha pasado uno o dos y no estoy exagerando porque al principio me sucedió innumerables veces, o cuando tenía visitas de mis hijos o de mis amistades y entonces el tiempo pasaba a una rapidez que tampoco la podías creer pues de nuevo te quedabas solo con gran velocidad. Una de las cosas que más me gustaba era salir a comer al bar denominado "Cafatería Plaza". Es el sitio a donde se iba a comer mi hermano Fernando los primeros días que me estuvo cuidando y mi primer salida en domingo que sólo hacen platos combinados. Después repetiría más domingos con mi hija Alana y su marido David. Pero a mí eso era lo mejor de estar en el Dolors Aleu, el momento en que aparecía Alana y nos bajábamos con David al restaurante y nos tirábamos 3 horas entre comida y sobremesa y luego, antes de irse, me lavaban la cabeza pues en el "centro" te hacen un baño integral muy completo, pero sólo los martes y la higiene diaria del cuello hacia abajo pero la cabeza no y como yo no me llegaba con las manos a esa zona, me tenía que esperar al domingo para que me la lavara Alana o en una ocasión David. El tiempo pasaba entonces a gran velocidad. O cuando aparecía Daniel con quien jugábamos cada domingo una partida de Ajedrez y siempre era él quien me ganaba pero me iba enseñando ciertas habilidades para no perder tan facilmente. Y cada domingo y sin perder ninguno, siempre de 9 a 10 venían mis amigos Francisco Rojo Roma y Antoni Arigita Albiol sumándose a veces Rodolfo. Siempre me veía con ellos en casa de 9 a 10 y aquí lo han seguido haciendo y hoy nos hemos vuelto a seguir viendo en casa a la misma hora.

CAFETERIA PLAZA

CAFETERIA PLAZA

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Fue gracias a ellos que cuando decidí pedir al alta voluntaria a la Doctora Coma, me la dió así como días antes el permiso para poder salir solo de la institución, ya que yo tenía necesidad de comprar un bocadillo cada día por si me fallaba algún plato de la cena que a veces, para mí, eran incomibles, y al dejarme salir solo, ya no dependía de tener visitas o no. Como decía, fue gracias a mis tres amigos que vinieron un domingo por la noche con el coche de Antoni y cargaron las bolsas que tenía preparadas con la ropa, pero soy tan despistado que me olvidé de que cogieran también las bolsas cargadas de libros sobre comics que eran las que más pesaban, así que Antoni y Francisco volvieron amablemente al día siguiente lunes a recogerlas. Yo me iba el martes por la mañana y siempre recordaré ese día en el que me sucedió algo idéntico al dia anterior. A las 7.30 entraban Ana y Lola para hacerle la higiene al señor Josep, pero luego se iban y aunque me veían levantado me decían que era para dejarme dormir más. Gracias a la enfermera Stefanía, los dos últimos días se encargó ella de ayudarme con la higiene y con la ropa y me pude ir una hora antes de lo previsto, a las 9 en vez de a las 10. No vi ni a Ana ni a Lola y no me pude despedir de ellas, pasando por rehabilitación para despedirme expresamente de Anabel.

Fue con Stefanía que le enseñé las fotos que había tomado con el móvil y mi intención de hacer una página web ilustrada sobre mi estancia en el "Dolors Aleu" y le prometí que le mandaría la URL de la misma y para ello me dió la dirección de su correo electrónico y en cuanto acabe la página, que será antes de lo pensado pues le comenté que podría tardar un mes en hacerla, le escribiré con la dirección para que la pueda ver y desde aquí le doy las gracias especiales por su simpatía, siempre, pero especialmente los dos últimos días. Anécdota: El último día salí a las 9 con un taxi y al llegar a casa me di cuenta de que me había dejado el móvil y el mp3 cargándose en la habitación. Tuve que coger otro taxi y subir de nuevo al "Dolors Aleu" Entré corriendo en la habitación pero ya estaba la cama sin sábanas, preparando la habitación para el próximo paciente que ingresara y no estaban ni el móvil, ni el mp3. Lo había recogido y guardado Stefanía. Gracias.

La verdad es que me han venido a ver muchas personas, a parte de mis hijos Alana y David, Daniel y Tania por separado, mis amigos de Telefónica Luis López Veiga, el que me dio de comer, Luis Gregorio, todos varias veces, mi amiga Anna María sola varias veces y con su marido Jordi que al trabajar no podía tantas veces, mis amigas Laura (que ha venido a verme cada semana), Natalia y Nuria, compañeras del curso inicial de coreano de Casa Asia que quedó truncado la última semana al romperme lo hombros, y también venía con ellas casi todos los viernes la profesora, Sonsengnim. Joaquín del grupo de los Luises todos de Telefónica. Mi prima hermana Ana desde Vilanova y la Geltrú, mi amiga Candy y su marido Steve. Nuestro amigo Jordi del grupo de Telefónica no podía venir porque estaba enfermo con cáncer linfático pero me llamó por teléfono y me dijo que le avisara cuando estuviera en casa. En aquella conversación me dijo que sabía que le quedaban dos meses de vida pero seguía animado como siempre. Sin embargo, 15 días después su esposa nos comunicó que había fallecido. También me escribío por móvil la hija de un gran amigo de Córdoba, Antonio Otero López, para comunicarme que su padre había fallecido de cáncer. Me han llamado por móvil innumerables personas que no me conocen personalmente pero si por mis páginas web de Superman, principalmente. Gracias a todos.

Estando ingresado en el Hospital Clínico, que es un episodio anterior a todo lo que vengo contando hasta ahora, también me vinieron a ver mis amigos Javier Olivares Tolosa y su esposa Miriam de Valencia, Juan Carlos Hernándes y Gerard Ames cuyo nexo de unión es nuestra afición a Superman. Me regalaron el BluRay de "La Llegada" película que me encanta y que ya había visto 7 veces antes de romperme los hombros. También me regalaron un cojín grande con el escudo de Superman y me filmaron un vídeo que se puso en la página de Javier donde se me veía con la cara desencajada y despeinado de mi estancia en el Clínico, daba mucha pena y me dieron un móvil para que viera el trailer de "Justice League". Casi me eché a llorar de lo emocionado que estaba. Pero luego, casi al finalizar la estancia y gracias a la pericia de la enfermera Silvia que me ayudó, pude hacer otro vídeo que me solicitaba Javier y que podéis ver en el link de abajo a partir del minuto 9.15.

Vídeo mencionado

Pero siguiendo con la historia de cuando estuve ingresado en el Hospital Clínico, tuve tres compañeros en la habitacíón, el primero fue por poco tiempo, el segundo fue un par de días pero el tercero, con quien quedamos en ir a comer juntos al "Pa i Trago" cuando estuviéramos bien, congeniamos mucho y nos pasábamos horas hablando. Se llama Xavier Inglada. Llevaba la pierna izquierda vendada desde el tobillo a la ingle. Se iba a ir a San Francisco, pero se cayó por la calle y se rompió un tendón. Manteníamos largas convesaciones, pero terminados los 8 días me llevaron al "Dolors Aleu" Me llamó la atención el nombre del Consorcio Sociosanitario, pues mi mujer también se llama Dolors, fallecida hace diez años pero viva para mí en mi mente y en mi corazón. Fue un gran contraste pues el siguiente compañero que tuve, ya en el Dolors Aleu, era el Sr. Manel y no podía hablar pues debía de haberse pegado un golpe en la cabeza. La ventaja fue que me proporcionó el vivir mi primera estancia como si la habitación y el baño fueran para mi solo.

Por cierto, otro gran entretenimiento que me permitió pasar mejor el tiempo, fue el móvil que me compraron mis hijos, que siendo de última generación me permitía hacer muchas cosas, desde seguir los movimientos de mi cuenta corriente en el banco hasta oir música, ver videoclips de cantantes, trailers de pelícuals e icluco vi películas enteras en esa franja que había entre las 10 de la noche que me recluía en la habitación, hasta las doce o la una que me acostaba, responder mensajes de mis hijos y amigas/os. En fin, todo se trataba de cómo hacer que el tiempo fuera más llevadero. También hay que luchar contra uno mismo en el sentido de no caer en la trampa que nuestra propia mente nos pone, cuando de pronto te das cuenta de que estás pensando en el momento del accidente y tu mente te dice: "Si no hubieras hecho esto..., si no hubieras resbalado ahora no estarías con los hombros rotos o, sin querer, compararte con las personas normales que están bien y no tienen los hombros rotos.

WONDER WOMAN ES GAL GADOT

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WONDER WOMAN ES GAL GADOT

WONDER WOMAN ES GAL GADOT

Una de las mayores alegrías, finalizando mi estancia en el "Dolors Aleu", fue que fui a ver "Wonder Woman" en sesión matinal de estreno en Barcelona, en compañía de mis amigos Juan Carlos Hernández que me vino a buscar con su coche al "Centro" y Gerard Ames que nos esperaba en el cine Phenomena, con la extraordinaria actriz Gal Gadot como protagonista. La película me ha parecido muy buena en todos los aspectos, pero lo que más me ha llamado la atención, es la fenomenal interpretación de Gal Gadot. Para mí, ella lo es todo en la película, pero reconozco que sólo se puede ver bien, al menos en Barcelona, en el cine Phenomena, porque esta tarde he ido a verla por segunda vez al Renoir Floridablanca y no tenía la misma luminosidad siendo que la pantalla del Phenomena es dos veces más grande.

No querría dejar de contar una anécdota llamativa que viví en el "Dolors Aleu". Un día estaba sentado en el sillón de mi habitación cuando entraron un señor que se veía claramente que era una persona disminuida mental, sonriente y con los ojos muy abiertos sin poder hablar, y detrás de él un señor enorme de al menos 1.80 de estatura, grueso y con un bastón. Les dije qué querían y me contestó que hiciera el favor de dejar la habitación libre pues era de ellos. Me quedé asombrado y a la vez sentí algo de miedo. El disminuido me hizo pensar por unos segundos que era el Sr. Manel que se hallaba en la sala comedor y que de pronto se había puesto a andar, pero luego vi que no era él. Les dije que era mi habitación pero "el alto" insistió en que era la de ellos y le dijo al "ido" que se tumbara en su cama (mi cama). Les insistí en que se habían equivocado pero el alto dijo que llamaría a las enfermeras para que me echaran. Dio la vuelta, el disminuido le seguía, las enfermeras no estaban en ese momento y, demostrando que ninguno de los dos estaban bien mentalmente, uno peor que el otro, cruzaron la línea que dice "Sólo personal de enfermeria" y se metieron en los despachos de las enfermeras y en el de la médico que no estaban en ese momento. Al salir de los despachos les dije que de qué planta eran y con gran seguridad el alto me dijo que de la sexta y entonces yo le dije que estaban en la quinta. En ese momento toda la seguridad y arrogancia del alto desapareció y se quedó diciendo: "nos hemos perdido" Le dije si quería que les acompañara a su habitación, pues me imaginé que eran de la misma que yo pero en la planta de arriba y me dijo que por favor y eso hice. Los acompañé al ascensor y los subí a su planta y a su habitación. Pero de verdad que me dieron miedo cuando entraron de forma invasiba en mi habitación.

Cuando la doctora me dio permiso para salir solo, no lo pude disfrutar del todo, porque fue cuando llegó una ola de calor enorme y no se podía estar por la calle al lado del ambiente con aire acodicionado del "centro". A pesar de todo hice varias salidas pues resulta que tenía muy cerca, la librería especializada en comics "Antifaz", en donde tuve el gusto de saludar a Paco y Carmen que hacía años que no les veía (visitando el mercado de San Antonio, en el puesto que tenían allí) y sin darme cuenta fui comprando libros de comics que me venían muy bien para leer y matar el tiempo. Son comics que nunca hubiera comprado pero a excepción de una trilogía llamada "Metabarón" de Jodorowsky, autor al que nunca más pienso leer por, para mí, desequilibrado y desagradable, el resto me gustó bastante pero sin darme cuenta se llenó el estante de comics pesados que luego representarían un problema para mi a la hora de marcharme.

Tampoco dependía ya de las visitas para comprarme cada día el bocadillo y todos los jueves avisaba a las enfermeras para que no me subieran las comida ya que comería fuera y en cuatro ocasiones diferentes hice una visita a una iglesia muy famosa que hay en la plaza Lesseps llamada "Els Josepets" que al principio, veía desde una ventana que hay al lado de la sala donde se cogen los ascensores, pero que era un edificio entre varios hasta que me di cuenta que tenía las ventanas ovaladas y un día las vi iluminadas y mirando mejor me di cuenta de que tenía toda la forma de una iglesia, por eso en cuanto pude salir fui a visitarla y estando vacía de gente hice unas cuantas fotos. La situación se repitió pero cuando más me atrajo fue un domingo que estaban celebrando una misa. Yo hacía muchísimos años que no asistía a misa, siendo que en la infancia y adolescencia tuve una educación religiosa, así que me senté en la última fila y me quedé escuchando. El sacerdote se sentaba en una silla lateral a la derecha del altar mayor visto de frente y de tanto en tanto salían personas y se subían a una especie de púlpito y leían pasajes de las Sagradas Escrituras. Luego el sacerdote seguía con la misa, todo en catalán. Mis misas de joven eran siempre en latín. Hubo un momento en que las personas se daban las manos con los compañeros de cada lado. Yo estaba sentado en la fila de atrás a la izquierda, solo, y una señora sudamericana que estaba en la fila de atrás con otro señor, pero en la parte de la derecha, se levantó y vino sonriente a darme la mano. La cosa siguió hasta que empezaron a dar la comunión y yo estaba cansado y me salí y esperé un poco a que salieran para hacer una par de tomas de ese momento.

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Iglesia "Els Josepets" en la Plaza de Lesseps

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En las imágenes de arriba no había apenas gente. En las de abajo era domingo y se celebraba una misa

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Momento en que se desmayó una señora al pie del altar y el sacerdote y fieles fueron a atenderla

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Los ascensores, aunque en la imagen que presento no hay nadie, lo general es que estuvieran siempre con gente subiendo y bajando y la mayoría de las veces con sillas de ruedas. Es decir, había veces que el tiempo de espera y llegada a tu destino sobrepasaba en mucho los cinco minutos. Desde la ventana lateral de la sala donde se hallaban las entradas a los dos ascensores se veía la fachada de un Instituto y abajo puedes ver tres imágenes del mismo. En ocasiones, por las tardes, o por las mañanas, en momentos en que no había mucho tráfico de los ascensores, para ocupar el tiempo, me ponía a mirar por la ventana pues desde allí se veían las del instituto con chicos y chicas que estaban en clase o a determinadas horas me entretenía viendo cómo entraban en el mismo o bien salían terminadas las clases.

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Los fines de semana, había cambios en las auxiliares y a veces también en las enfermeras. En las tres imágenes que dejo abajo, en la primera se ve de espaldas a Montse que la podías ver en cualquier turno, fuera el día que fuera de la semana y a quien ya he descrito antes como, para mi, la más dulce y simpática, la que me hacía los baños los martes y que la cogí de espaldas porque yo iba haciendo fotos de la terraza pero de pronto apareció ella y quedó delante de mi móvil en el momento de hacer la foto. En la terraza estaban Silvia, que me ayudó para la realización y envío del vídeo que habéis visto más arriba y a su lado está la auxiliar Lola, que para diferenciarla de la otra Lola que forma pareja con Ana, la llaman Lola la peliroja. También en primer plano está Pepe, una de las personas con las que más podía hablar. En la foto de abajo fue la propia Lola la que me pidió que se la hiciera. A mí me recuerda a la actriz Sirley MacLaine. Ese domingo iba vestida así porque libraba y se iba a una cena. Hay que explicar la anécdota porque no tiene desperdicio y es del primer domingo en que conocí a Lola. Yo acababa de salir de mi habitación y en el mostrador de enfermería, Lola me mira con su mirada especial, me pone las manos en los hombros y me dice: "Tú, ¿cuánto hace que no follas?. Me la quedé mirando pensativo y le respondí: "Bueno, teniendo en cuenta que mi esposa falleció hace 10 años y que los ultimos diez años entre el cáncer y la fibromialgia que tenía no podíamos hacer gran cosa, pongamos que hace 20 años, pero tengo a mi esposa viva y presente en mi mente y en mi corazón" La última parte de mi respuesta le impactó pues cambió el tono de guasa con que se había iniciado todo y me dijo que le había gustado mucho lo último que había dicho. Lola era bromista a tope y los fines de semana siempre estaba de guasa con todos. Yo creía que era murciana y le dije "Hola Lola la murciana" y ella me respondió que era catalana, que acaba de decirle a una señora que era murciana porque esa señora era de Murcia. O presentaba al enfermero Fausto, una gran persona, como su hijo, y siempre estaba de broma y con una mirada picarona. Muy agradable.

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Hacia el final de mi estancia en el Dolors Aleu, apareció una auxiliar nueva para mí, que desafortunadamente, no estoy seguro si también se llamaba Montse, pero era una persona magnífica. Llevaba gafas y era muy sonriente y amable y teníamos largas conversaciones en las que me daba consejos para cuando estuviera en casa. De hecho la última persona que me hizo el baño integral de los martes fue ella, en ausencia de la que me lo hizo todos los martes anteriores al estar de vacaciones. Muy agradecido a ella. La última tarde que estuvo entró a mi habitación a despedirse. Yo estaba sentado en el sillón y ella se sentó en la cama y después nos dimos un beso en la mejilla de despida con gran cordialidad y cariño. Gracias.

Están pasando los días, ya llevo casi cuatro volviendo a vivir en mi casa y el "síndrome de Estocolmo", afortunadamente, ya ha pasado. Ya he ido al traumatólogo de mi mutua, el próximo lunes días 4 de junio empezaré mis sesiones de rehabilitación en un centro que hay enfrente de mi casa, aunque nunca he dejado de hacer ejerciciós para rehabilitar el movimiento de los hombros por mi cuenta, tanto en la habitación del Dolors Aleu, como ahora en mi casa. El jueves aprenderé nuevos. En el "Dolos Aleu" tenía todos los días, de lunes a viernes, rehabilitación guiada por una fisioterapeuta que ya he mencionado antes y que siempre recordaré y de quien me despedí el día que decidí volver a casa. El jueves tendré una nueva que ya me han presentado.

Poco a poco, me estoy incorporando a mi afición "comiquera", aunque no había contado con que, aunque escribir me resulta relativamente fácil por la altura del teclado, aunque cada presión de tecla me produce un pequeño dolor en los correspondientes hombros y tengo que hacer descansos, pero no contaba con que el ratón lo tengo más alto, en la mesa del escritorio y de momento la movilidad limitada del brazo derecho, que es donde tengo puesta la prótesis, hace que sienta una gran tirantez cada vez que tengo que usar el "ratón". Y abajo voy a dejar una galería de imágenes en las que, aunque hay muchas, no están todas las que hice con el móvil.


Galería de imágenes

Algunas de las innumerables fotos que hice con el móvil de Collserola-Tibidabo y zonas adyacentes desde la quinta planta

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Pared metálica del "Dolors Aleu"

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La tercera planta tiene una terraza donde muchos toman el sol

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Observar las diferentes tonalidades del verde de las montañas según la luz del día

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La torre de Collserola apenas se distingue y el Tibidado no se ve

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Atardecer en la Torre de Collserola con el Tibidabo difuminado e invisible

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Vista nocturna con la Luna

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En día nublado

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La terraza de la tercera planta sin gente

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La terracita de la quinta planta desde la que hago las fotos del Tibidabo. Al fondo el pasillo y mi imagen reflejada. La luz del fondo es del comedor que da a Lesseps

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Mi imagen reflejada en la pared de cristal del comedor que da a Lesseps, por la noche

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Mi habitación con mi cama en primer lugar

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Mi habitación en sentido contrario con la salida, lavabo a la derecha y enfermeria al fondo

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Mi compañero de habitación el primer mes y medio

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Mi "rinconcito" que acabaría lleno de libros sobre comics principalmente


Imágenes de los alrededores del "Dolors Aleu" cogidas por la calle

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A la izquierda la entrada al instituto. A la derecha fachada del "Dolors Aleu"

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Entrada a la Corporacion Sociosanitaria "Dolors Aleu"

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Lateral del edificio con las ventans de las habitaciones. En teoría la partes metálicas se deberían de mover, pero no lo hacen.

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Una de las primeras salidas y que se repetirían con mi hija, Alana, o con mi amiga Anna María, fue a la cafetería de la Biblioteca Jaume Fuster

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Lateral del edificio visto dede la terraza de la tercera planta

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Vista del edificio Dolors Aleu desde la tercera planta con vista de las terrazas de las plantas cuarta, quinta y sexta.


Secuencias fuera del tiempo

Mis primeras relaciones, cuando llevaba los dos brazos en cabestrillo, fueron con un matrimonio, ella se llamaba Marisa y su marido Marcos. Paseaba por el pasillo y en una de las puertas estaba Marcos y empezamos a hablar. Recuerdo que de pronto apareció mi hijo que me traía ropa pero me dijo: "Padre, me voy corriendo que llego tarde al trabajo" y seguí hablando con Marcos. Bueno, luego resultó que el hombre, jubilado, bastante joven de apariencia y licenciado en derecho, tenía una gran cultura intelectual y hablaba de muchos filósofos pero lo cierto es que pocas veces te dejaba meter baza porque era más bien una escucha que un diálogo. Con su mujer, Marisa, jugaban innumerables partidas de parchis. Marisa iba encorvada por multiples operaciones en la espalda y tenía Parkinson, pero si no estabas muy cerca de su boca era difícil entenderla. A veces, sentados en la mesa del fondo del comedor jugábamos partidas de parchís, pero era Marcos quien movía las fichas de su mujer y mía pues no podíamos, ella por sus problemas de huesos, y yo por llevar los dos brazos en cabestrillos y sólo podíamos tirar el dado. A pesar de todo Marisa tenía una mente muy clara y era muy inteligente y eso la perjudicaba pues al parecer había algunos interesas creados entre el padre y los hijos alrededor de una herencia. Hay muchas más cosas que podría relatar pero las silencio por respeto a la intimidad ajena.

Conocí a una señora muy mayor que, dentro de los cien años que tenía, se podía hablar con ella y me acuerdo que de tanto en tanto le daba tema de conversación pues se encontraba muy sola, sentada en su silla de ruedas y no pudiendo apenas hablar con nadie. Me relató que de niña había visto como se comenzaba la construcción de la "Sagrada Familia" pues ella vivía al lado, aunque según las auxiliares, eran mentiras que ella se inventaba. Yo la creí. Un día me llamó y me dijo que era un caballero, que la escuchaba y le gustaba muchísimo verme como paseaba continuamente pasillo arriba y abajo. Me dio las gracias porque según decía, eso la entretenía mucho.

Semanas más tarde, otra señora muy similar, también rondando los cien años pero con una claridad mental total, se pasaba el día mientras no tenía visitas, leyendo. Yo me fijaba mucho en ella y la veía cómo deboraba los libros. En cosa de tres días se podía leer un libro de más de 300 páginas a juzgar por el grosor del mismo. También un día me relató el terror de su efermedad con problemas de circulación en la sangre y el día que le comunicaron que tenían que amputarle la pierna.

Había otra señora que la pobre tenía alzeimer y, aunque de vez en cuando, sobre todo los fines de semana, venían a verla sus familiares, durante los días ordinarios tenía una cuidadora muy simpática con la que hablaba de vez en cuando, pero lo que más se me ha quedado grabado en la memoria es que por las noches, en mis paseos de 9 a 10, antes de recluirme en mi habitación, cada vez que pasaba por la puerta abierta tras la que se encontraba esta señora acostada en su cama, me miraba como pasaba por delante de ella una y otra vez, arriba y abajo y yo pensaba qué es lo que ella pensaría de mí al ver mi imagen pasando delante de ella, todas las noches de 9 a 10, primero con los dos brazos en cabestrillos, luego con uno solo, al final había momentos en que no llevaba ninguno.

La señora Carmen era vecina mía en el sentido de que su habitación era contigua a la mía. Nos cruzábamos muchas veces en nuestros paseos por el pasillo. Ella también tenía un hombro roto y coincidíamos en las rehabilitaciones del gimnasio, a veces sentados uno frente el otro. Los dos poníamos cara de dolor cuando Anabel, la fisioterapeuta, nos cogía los brazos y nos hacía ejercicios de movimientos pasivos forzando el estiramiento muscular de nuestra estremidades. Era muy sonriente, pero hablando con ella se notaba que no entendía al cien por cien lo que le decías. Por las mañanas, en el pasillo, siempre estaba preocupada por el horario de bajar al gimnasio debido a que de tanto en tanto nos lo cambiaban.

De Milagros y Virtudes ya he hablado al comienzo de esta página, fueron prácticamenete las dos únicas mujeres pacientes del Dolors Aleu, es decir, no eran parientes visitando a alguien, con las que pude hablar ratos y ratos pues estaban despiertas, una por ser mucho más joven, Milagros, y la otra por estar bien de la cabeza aunque ya había sufrido varias operaciones de la cadera a causa de varias caídas sucesivas que había tenido. Virtudes tuvo la mala suerte de que le tocara estar en algunos grupos de habitaciones en las que cuatro camas compartían un mismo lavabo. Hubiera sido terrorífico para mí. Claro que no me habría afectado porque, como ya he explicado antes, en la segunda mitad de mi estancia, cuando tenía el lavabo ocupado en mi habitación, que era la ordinaria para dos pacientes, me bajaba al sevicio de la planta cero para las visitas.

Y, en fin, quedan toda una serie de señoras que iban paseando por el pasillo con su caminador, que o bien no hablaban o que nos conocíamos apenas de una semana y sólo nos decíamos "hola" al cruzarnos o nada porque iban acompañadas de sus parientes y como no nos conociamos a veces nos cruzábamos sin mirarnos, algo normal en mi etapa final en la que yo era fijo pero habían muchas entradas y salidas de personas nuevas.

También quiero mencionar a un señor joven al que solía ver cada tarde salir a la terraza a tomar el sol. Le habían amputado una pierna a la altura del tobillo. Pasaba ratos muy largos y yo me preguntaba si no le sería perjudicial para la piel el estar tanto tiempo expuesto al sol. Nunca sabía en que habitación estaba pues siempre lo veía cuando estaba tomando el sol en la terraza, hasta que un día empezamos a coincidr en la sala donde se cogían los ascensores y empezamos a saludarnos. A mí, que me había parecido muy serio, luego resultó ser una persona muy simpática y agradable.

Ya he mencionado a Pepe, que iba en silla de ruedas y estaba pendiente de que le pusieran una prótesis pues la habían amputado la pierna un poco por debajo de la ingle. Su mujer venía a verle cada día y sus hijos de tanto en tanto. Era muy comunicativo y por las mañanas coincidíamos en al salón comedor pues los dos salíamos de nuestras habitaciones para desayunar allí. Cada día venía la enfermera para ponerle inyecciones de insulina y siempre tenía una broma o un chiste preparado para cada ocasión. Tuvo una lucha con las enfermeras pues se quejaba de que a las 8 de la tarde, cuando todavía había sol, lo metieran en la habitación y lo pusieran en la cama sin poder dormir y consiguió ganar la batalla y le dejaron estar por el pasillo hasta las nueve. Yo era el único que podía estar hasta las 10.

O también recuerdo a Ramón, que había sido taxista hasta que tuvo un accidente y padeció un ictus parcial. Siempre iba andando con el caminador (al principio) acompañado de su esposa o de una amiga taxista a juzgar por los trozos de conversación que oía cuando me cruzaba con ellos por el pasillo en nuestros interminables paseos. Era muy alto y un día estando de pie apoyado en una de las paredes del gimansio, se mareó y se cayó lateralmente sobre la persona que estaba a su lado y ésta en la siguiente hasta la quinta que era la señora Virtudes que quedó magullada debajo de todos. Afortunadamente no fue nada grave para ninguno.

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La sala comedor de la segunda planta era mucho más grande que la de la quinta y tenía la particularidad de que era más fresca por lo que en varias ocasiones llevé a mis visitas, tanto a mi hermano Fernando como a Alana y David o a Anna María y otras/os amigas/os a ella. En varias ocasiones se estuvo bien por la temperatura y porque al ser muy grande se hablaba con más libertad al estar las mesas más separadas unas de otras, pero luego hubo varias veces en las que había una señor, aquí se le ve su silueta a la izquierda de la imagen que se pasaba todo el rato pidiendo ayuda pues pensaba que se iba a orinar, pero nadie le hacia caso. Una enfermera le dijo que lo hiciera que para eso llevaba pañales. Daba mucha pena pero estaba trastornado y no se podía hacer nada por él.

Este párrafo está dedicado a las muchas personas que no llegué a conocer sencillamente porque tenían algo más grave que el resto y no podían salir de la cama y por lo tanto de la habitación. Sólo recuerdo la cara de un señor que como su habitación estaba justo en frente de la puerta de salida de los ascensores, lo veía y siempre estaba sentado en el sillón leyendo o haciendo algún juego típico de las revistas con crucigrams, sudocus, etc. Otro señor que pasaba el día esperando que por la tarde viniera su mujer y lo sacara un rato del centro para poder fumar. Y hay más personas pero es muy difícil mencionar a todas las conocidas durante estos dos meses y tres semanas en las que he vivido en el "Dolors Aleu". Gracias a la Doctora Coma por sus atenciones y por darme la libertad cuando se la pedí.


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